¿Aprenderemos algo tras la crisis del coronavirus?

Publicado el 25 abril de 2020 en CULTURA DE DEFENSA, Destacados, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

La Estrategia de Seguridad Nacional es el marco de referencia para la política de Seguridad Nacional, una política de Estado que concibe la seguridad de forma amplia al servicio del ciudadano y del Estado. Se trata de un documento que por razones obvias se revisa cada poco tiempo y que cualquier miembro del Gobierno lo debería tener como libro de cabecera. La última versión del documento data de 2017. Pues bien, ese documento tiene un capítulo 4 que se titula: “Amenazas y desafíos para la Seguridad Nacional”. Comienza el capítulo explicando que la Seguridad Nacional se puede ver comprometida por elementos de muy diversa índole según su naturaleza geopolítica, tecnológica, económica o social, entre otras. No todas las amenazas comprometen la Seguridad Nacional, pero todas te hacen más vulnerable, más inestable e incluso pueden provocar nuevas amenazas o agravar las existentes. Porque todas las amenazas suelen estar interconectadas y sus efectos traspasan fronteras. Un conflicto armado es una amenaza; también lo es el crimen organizado; los flujos migratorios irregulares; el espionaje industrial; la vulnerabilidad del ciberespacio o de las infraestructuras críticas…se pueden identificar fácilmente muchas amenazas.

Pero el documento identificaba también un desafío que requería atención. Un desafío que los redactores del mismo no quisieron pasar por alto, advirtiendo así a las instituciones del Estado: las epidemias y pandemias. En este punto el documento se vuelve casi profético a la hora de analizar la pandemia que ahora nos asola y da unas recomendaciones para minimizar sus efectos caso de producirse. Alerta de que somos un país que recibe más de 75 millones de turistas al año, con puertos y aeropuertos que se cuentan entre los de mayor tráfico del mundo, un clima que favorece cada vez más la extensión de vectores de enfermedades, con una población envejecida y una situación geopolítica polarizada, no exenta de amenazas y desafíos asociadas a enfermedades infecciosas tanto naturales como intencionadas. Reducir la vulnerabilidad de la población a los riesgos infecciosos cuando es factible (por ejemplo, mediante la vacunación), la probabilidad de introducción de riesgos infecciosos (por ejemplo, mediante el control e inspección de mercancías en frontera), así como la probabilidad de transmisión interna de enfermedades (por ejemplo, mediante buenos programas de prevención y promoción de la salud o buenos sistemas de saneamiento) es fundamental para minimizar los riesgos y su posible impacto sobre la población. Los autores son conscientes de que esos riesgos no se pueden eliminar por completo. Por ello insisten en que es necesario reducir la vulnerabilidad de la población, desarrollar planes de preparación y respuesta ante amenazas y desafíos sanitarios, tanto genéricos como específicos, y sobre todo asegurar una buena coordinación de todas las administraciones implicadas tanto a nivel nacional como internacional. Pues este documento parece que no fue leído por nuestros gobernantes. Y es evidente que si se hubiera tenido en cuenta quizá ahora no estaríamos hablando del número de fallecidos que tenemos. La prevención siempre es la mejor herramienta, y a la vista del alto número de fallecidos – España está a la cabeza de muertes per cápita sobre el resto de países- considero que sería fundamental que este Gobierno respondiese a dos preguntas al menos: ¿qué hizo para prevenir los contagios? Y sobre todo ¿Cuándo lo hizo?

Ahora lo que nos queda es tomar medidas para conseguir que se reduzcan los contagios y las muertes, pero también toca pensar en el día después. Pensar en cómo saldremos de ésta, sobre todo cuando miles de españoles están sufriendo ya las consecuencias económicas de esta pandemia. En este punto introduzco dos conceptos que Andrés Ortega, analista del Real Instituto Elcano, pone sobre la mesa en un reciente artículo publicado por ese centro de pensamiento estratégico. Ortega se refiere a la histéresis y a la antifragilidad (concepto que él mismo toma de Nassim Taleb). La histéresis es la tendencia de un  material a conservar una de sus propiedades en ausencia del estímulo que las ha generado. Si hablamos de esta pandemia, se trataría de saber si quedarán efectos permanentes de la crisis una vez que se superen las causas que la originaron. Y la antifragilidad, que es la propiedad de los sistemas para incrementar sus capacidades tras haber experimentado un shock. Es decir, si tras esta crisis del Coronavirus seremos capaces no ya de resistir y de conservar, sino de mejorar. Considero que todos debemos trabajar para eliminar la histéresis, que no queden efectos negativos permanentes, y a favor de la antifragilidad: que salgamos de ésta siendo una sociedad mejor. Para eso todos tenemos que arrimar el hombro, que no es lo mismo que decir amén a todo lo que haga el Gobierno.

Ahora el futuro no sólo es incierto, como sucedía hasta ahora, sino que se abre una etapa completamente desconocida con enormes nubarrones en el horizonte, tanto internamente como en el plano internacional. Es ahora cuando los políticos tienen que demostrar su talla, porque la historia nos enseña que cuando los pueblos sufren graves perturbaciones sociales, se ponen a prueba las actitudes, los valores y las propias instituciones que sustentan la convivencia. Por eso no se puede permitir que la desestabilización venga del propio Gobierno, con un vicepresidente que se permite cuestionar a la Jefatura del Estado o al Poder Judicial en plena pandemia, porque estas actitudes pueden tener graves consecuencias.

Esta crisis debe suponer un punto de inflexión y no sólo una alerta. Es preciso que, cuanto antes, tomemos conciencia  de todos los aspectos de la misma y es urgente que nos enfrentemos a ellos con valor, inteligencia y sin nostalgias de mundos perdidos ni utopías irrealizables, sino con un planteamiento serio de una realidad que nos concierne a todos y más aún a las generaciones que vienen detrás de nosotros con las que tenemos una obligación que no podemos eludir. Una obligación aún mayor en quienes tenemos algún papel en la tribuna política, aunque evidentemente no pueda tener la misma responsabilidad el que gobierna que el que está en la oposición. En cualquier caso considero que debemos huir del escenario de “sálvese quien pueda” y avanzar hacia un escenario de “inteligencia colectiva internacional” también esbozado por Ortega. Un escenario que prime la colaboración internacional público-privada en la lucha contra el virus (medios sanitarios, apps, tratamientos y vacuna) y en la salida de la crisis económica. Que se coordinen estímulos económicos y ayudas directas a los Estados por parte de las instituciones europeas y que haya líneas de ayudas reales en España para los que peor lo están pasando. Para parados y para autónomos y pymes. Los ciudadanos deben recuperar la confianza en sus Gobiernos, ahora muy deteriorada, pero para eso los Gobiernos no pueden ser soberbios y deben reconocer los errores y pedir perdón por los fallos que se han  cometido y que han costado miles de vidas. En momentos graves es cuando se mide a un político, pero también a una sociedad.

Aplaudir cada tarde está bien, pero no es suficiente

Publicado el 13 abril de 2020 en General por Miguel Angel Rodríguez

No seré yo el que venga a desvelar aquí el famoso y conocido “Principio de Peter” pero lo que tengo claro es que el Gobierno “Frankenstein” de Sánchez&Iglesias ha rellenado todos los puestos en los ministerios con un ministro o alto cargo que es incompetente para desempeñar sus obligaciones, validando así la famosa teoría desvelada por  Lawrence J. Peter a mediados del siglo XX.  Sólo hay otra opción: que sean malos por naturaleza y prefieran los votos a la salud.

El Gobierno minimizó la crisis del Covid19 e hizo caso omiso a lo que estaba ocurriendo en otros países, incluso animó a participar en actos multitudinarios el 8M pese a las advertencias en contra de la Organización Mundial de la Salud. Periodistas bien pagados, que no van a tener problemas para llegar a fin de mes, no sólo alentaron desde sus púlpitos en los medios, sino que se rieron de una pandemia a la que se referían como una nueva gripe, pero un poco más fuerte. Seguro que no lo hicieron por maldad, sino por esa inveterada costumbre de algunos de hablar de lo que no se sabe con el aplomo y la gracia suficiente para parecer un erudito en la materia. Lo que viene siendo un “bocachancla”. Algún día habrá que valorar en sus justos términos el daño terrible que esos periodistas afines al Gobierno le han hecho a la credibilidad de sus medios y al periodismo en general; porque la libertad de información sin rigor y con falsedades se convierte en otra cosa. Igualmente algún día habrá que tirar del hilo y saber quién del entorno del Gobierno Sánchez&Iglesias se ha dedicado a crear periodistas inexistentes como Miguel Lacambra, para que difunda en los medios afines las verdades oficiales del régimen, que algunos consumen obedientemente como el que se toma el paracetamol cada ocho horas por prescripción facultativa.

En España hay una tendencia natural a creer lo que dicen las izquierdas porque lo dicen con una suficiencia moral que da pasmo, y uno ya no sabe si lo hacen así porque se creen sus propias mentiras o porque su personalidad ya ha traspasado todos los límites y se ha convertido en una patología. Algunos psicólogos han llegado a la conclusión de que los mentirosos compulsivos lo hacen por “motivos vivenciales”, pero esos traumas no los podemos pagar los españoles, sobre todo cuando pueden llegar a costar vidas. Y todo el mundo sabe que mentir es más fácil que desmontar la mentira posteriormente. Por si fuera poco, cuando desde alguna institución previsora como la Policía Nacional se atisbó la magnitud de lo que se nos venía encima, la opción fue cesar al alto mando que hizo acopio de material y organizó el protocolo a seguir por sus subordinados con tiempo y con rigor.

El resto ya es conocido: la improvisación, los desmentidos, la falta de conocimiento, la falta de material de protección, la falta de test en residencias y al personal más expuesto y el rosario de muertes han sido la tónica habitual de estos días aciagos. Mientras tanto el Gobierno, con Sánchez a la cabeza, sigue empeñado en sobrevivir políticamente cuando el sentido común dice que esto está periclitado. Sánchez e Iglesias ya han tenido su momento de gloria, ahora la degeneración y la decadencia son tan evidentes que sobra cualquier comentario. Y es esa degeneración la que lleva al todavía presidente a pedir unos “Pactos de la Moncloa” que no son otra cosa que unos pactos para que él siga en la Moncloa. No hay ningún atisbo de autocrítica, ningún gesto de humildad en alguien al que le gustaría que se emitiera moneda con su efigie. Se pide una lealtad a la oposición que no es bidireccional, ergo lo que se está pidiendo realmente es fidelidad perruna, y por ahí sí que no se puede pasar. Los portavoces del PSOE mienten descaradamente desde el púlpito de la soberanía nacional que es el Parlamento y se insulta a la oposición mientras se le pide lealtad (entiéndase fidelidad).

Tenemos el peor Gobierno desde la Transición en el peor momento posible. Un Gobierno que miente a los españoles para tapar una ineficacia criminal que ha costado hasta la fecha más de 16.000 vidas. La siguiente estrategia de los asesores monclovitas es lo último que les queda ya: pasar al ataque. Hablar de “recortes” en años anteriores hechos por “la derecha” y atacar por tierra, mar y aire a la presidenta de la Comunidad de Madrid. En Castilla-La Mancha estamos viviendo algo parecido. El mismo día que Sánchez decretó el cierre de los colegios, García-Page dijo en rueda de prensa que él no iba a cerrar los colegios para contentar a los que querían 15 días de vacaciones (es fuerte, pero está grabado). Después vino el caos y se echó la culpa a los recortes del PP obviando que el PSOE gobierna en CLM desde 2015 y que antes gobernó casi 30 años seguidos. La situación en las residencias y en los hospitales es dantesca, sin elementos de protección, sin test como he mencionado más arriba y con una turbia historia en la compra de unos respiradores en Turquía que que ni siquiera son válidos para enfrentarse al Covid19 (lean lo que dice al respecto el jefe de servicio de Anestesiología del hospital de Albacete).

Lo último que he escuchado a un responsable de la Junta castellano-manchega en los medios, porque mantienen cerrada las Cortes, es que la culpa es del efecto frontera y de los “madrileños” insolidarios que traspasan su frontera para venir a infectarnos. Esa teoría se viene abajo en una provincia como Ciudad Real, que no es limítrofe con Madrid que se sepa, y que ostenta el triste récord de ser la provincia de España con más muertes por cada cien mil habitantes. Toda una antología del despropósito que sería de chiste si no estuviera constando vidas humanas. Se han traspasado muchos límites, espero que cuando todo pase alguien asuma sus responsabilidades. Porque gestionar no es salir en las fotos e ir de fiestas a los pueblos invitado por los alcaldes de tu partido. Aplaudir a los que nos cuidan está bien y sube la moral, pero no es suficiente.

Una historia de la Legión: el padre Huidobro

Publicado el 11 abril de 2020 en CULTURA DE DEFENSA, Destacados, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

Este 2020 se cumplen cien años de la creación de la Legión. El sol africano de Dar Riffien, la meseta castellana, los puentes de Sarajevo o la ruta Lithium en Afganistán, son sólo algunos de los lugares donde los legionarios han vertido su sangre despreciando el peligro.  

Pero hoy 11 de abril además se cumplen 83 años de la muerte en combate del capellán legionario Fernando Huidobro, S.J. Nacido en 1903, Huidobro tuvo que exiliarse en 1932 después de la expulsión de los jesuitas por el gobierno de Azaña. Cuando estalla la guerra en España regresa y se une a la Legión como capellán, concretamente en la IV Bandera «Cristo de Lepanto». Esta bandera se creó en 1921 por orden del fundador Millán Astray para dar servicio a las posiciones de Dar Riffien. Realizó su bautismo de fuego en el socorro a la posición de “Monte Magán” (inmediaciones de Guad Laud) durante los días 10, 11 y 12 de octubre del año 1921, por su heroico comportamiento durante el mismo le fue concedida su primera corbata, la cual cuelga hoy de su guion junto con 2 cruces Laureadas de San Fernando, 3 Medallas Militares Colectivas, la Cruz Francesa con Palmas de Oro y 6 corbatas más. Como curiosidad, la IV Bandera jamás se podrá disolver al ser la única unidad del ejército español en tener una compañía con la «Laureada de San Fernando”, la tercera compañía depositaria de la 16 ª.

Volviendo al padre Huidobro, amanecía el domingo 11 de abril de 1937 y su Bandera participaba en los combates de la carretera de La Coruña, en el frente de Madrid. Pese a ser domingo los combates no se detenían y las fuerzas de las Brigadas Internacionales batían las posiciones legionarias con multitud de proyectiles del calibre 122/46, conocidos como “doce cuarenta”. La muerte se hacía fuerte y se llevaba las vidas de los legionarios a los que sólo les quedaba aferrarse a la fe en ese último trance. Para eso estaba allí el padre Huidobro. El “curita”, crucifijo en mano, con actitud valiente y desprecio de su propia vida se afanaba en dar la extramaunción a los caídos de ambos bandos y confortarlos espiritualmente en sus últimos momentos en la tierra. No había tregua, los proyectiles seguían cayendo, las balas trazaban su camino siniestro  y el páter seguía de un lado a otro cumpliendo con su misión.

Ante la dureza de los enfrentamientos, el capitán Iniesta, que mandaba el sector de la izquierda y que tras la guerra llegó a teniente general y posteriormente a Director General de la Guardia Civil,  ordenó al páter que se retirase inmediatamente al puesto de socorro. Huidobro dejó el puesto de vanguardia y se retiró a confortar a los heridos que llegaban al chalét de Aravaca que servía como improvisado hospital de campaña. Allí a los 34 años murió alcanzado por un proyectil de artillería que impactó contra el edificio. Se esforzó por humanizar la contienda e incluso llegó a denunciar excesos y brutalidades en su propio bando, redactando escritos a Franco y a otros mandos en los que denunciaba como «asesinatos, no actos de justicia» algunas ejecuciones prisioneros.

A día de hoy, el capellán de la IV Bandera sigue siendo un figura admirada con devoción entre los legionarios, ya sean antiguos o en activo. Sus restos descansan en la iglesia de los jesuitas de la calle Serrano de Madrid. Desde 1947 se encuentra abierta su causa de beatificación.

Tenemos 1.322 razones para pedir que las Cortes sigan abiertas

Publicado el 9 abril de 2020 en Destacados, General, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

En Castilla-La Mancha hay Cortes y hay Gobierno, que parece que hay que recalcarlo. El Estatuto de Autonomía recoge claramente cuáles son las funciones de cada órgano para asegurar que la separación de poderes es efectiva. Las Cortes de Castilla-La Mancha representan al conjunto de los ciudadanos de la región. No nos representa Page, ni su Gobierno, ni los partidos políticos, son las Cortes las que nos representan a todos. Entre las competencias de las Cortes se encuentra la de controlar la acción de Gobierno y es opinión común de la doctrina jurídica que si no ha expirado el mandato de las Cortes, en Castilla-La Mancha no ha expirado que se sepa, el control es la primera de las funciones parlamentarias. Además el artículo 2. g) del citado Estatuto consagra otra función fundamental de las Cortes que es la de exigir, en su caso, responsabilidad política al Consejo de Gobierno y a su Presidente.

 Pues bien, en estos momentos cruciales en los que el Parlamento ha de ocupar una posición de privilegio en el mapa político, una posición indisolublemente vinculada a su relación con la democracia, una relación que conlleva la necesidad de reivindicar la identificación del Parlamento con la limitación del poder, en estos momentos de tribulación cuando los ciudadanos vuelven sus ojos hacia sus políticos en busca de soluciones, en estos momentos, García Page cierra el Parlamento. Que los socialistas se nieguen a dar explicaciones en las Cortes no solo vulnera el Estatuto de Autonomía, sino que, por analogía con las Cortes Generales, la negativa a someterse al ejercicio de la función parlamentaria de control vulnera varios artículos de la Constitución. El decreto que establece el Estado de Alarma  para nada alude al hecho de que las Cortes de Castilla-La Mancha tengan que permanecer cerradas, porque el parlamento es democracia y es el órgano que legitima el poder político.

El cierre, horas después de que el presidente del PP de Castilla-La Mancha, Paco Núñez, pidiera la comparecencia de Page para explicar qué gestión se está haciendo  de esta crisis sanitaria en la región, es un torpedo a la línea de flotación de la democracia en Castilla-La Mancha. Yo diría que marca un antes y un después. Bajo ningún concepto una situación excepcional como la que estamos viviendo puede suponer el menoscabo de las garantías constitucionales ni el arrogarse un poder absoluto más propio de regímenes dictatoriales que de democracias avanzadas como la española. En España y en otras regiones, el Parlamento sigue funcionando con las medidas básicas que todos sabemos que hay que adoptar para evitar el contagio y la propagación del virus. Para “chapar” el Parlamento el presidente de las Cortes se basa en unos informes jurídicos que hacen una interpretación estricta del Reglamento de la Cámara, pero creo que en este punto sería bueno para todos recordar a Ortega y Gasset cuando advertía que, “por encima de la corrección jurídica, los pueblos piden a sus instituciones una imponderable justificación y que si no se la dan, un día u otro esas instituciones son tronchadas” (J. ORTEGA y GASSET, Vieja y nueva política, Renacimiento, 1914, p. 39). Es más necesario que nunca que las Cortes sean útiles a los castellano-manchegos.

Hoy jueves 9 de abril, tenemos 1.322 fallecidos en la región según los datos oficiales. 1.322 razones para exigir al presidente García Page que no se esconda en su palacio de Fuensalida.  Que dé la cara en las Cortes de Castilla-La Mancha, que comparezca y les diga de tú a tú a los familiares de esos 1.322 hombres y mujeres de nuestra región que tenemos medios, que tenemos respiradores y camas de sobra, y que todos los que están en primera línea tienen las medidas de protección adecuadas y suficientes. Tenemos derecho a saber y García Page tiene la obligación de comparecer.