Decía el general Alonso Baquer, gran estudioso de la ciencia militar, que la estrategia es un  modo de pensar (o también, una forma de elaborar modelos para operar) frente a situaciones de conflicto. Considero de imprescindible lectura su aportación en el volumen colectivo “Manuel Fraga: Homenaje Académico”, editado por la Fundación Cánovas del Castillo (Madrid, 1997). Allí escribe que la estrategia decide ¿qué tenemos que hacer? A partir del ¿qué debemos hacer? En la atmósfera del ¿qué va a pasar? Al final se trata de una ciencia, algunos dicen que un arte, que tiene que estudiar el comportamiento colectivo. Y por eso desde hace algún tiempo materias que solo se estudiaban en la carrera militar, ahora se aplican a entornos empresariales y a todo tipo de organizaciones con “recursos humanos” que gestionar y sobre todo con objetivos que conquistar. Y la organización que no tenga clara la estrategia se equivoca, y está condenada al fracaso. Primero se piensa, y después se conducen los ejércitos hacia objetivos decisivos, porque “sin conducción efectiva de los ejércitos hacia el punto de aplicación de la fuerza, donde se espera obtener la victoria, no hay verdadera estrategia”, concluye Baquer. Y cuando tengamos clara la estrategia entra en juego la táctica. El tratadista militar francés Bonal diferenciaba estrategia de táctica y decía que “la estrategia es el arte de concebir y la táctica es el arte de ejecutar”. El más conocido Clausewitz opinaba que “la estrategia es el empleo de la batalla con el fin de ganar la guerra y la táctica es el empleo de las tropas en el combate”. O lo que es lo mismo, dicho en “román paladino”, que hay unos que piensan (estados mayores de los ejércitos, consejos de administración de las empresas, comités de dirección…) y otros que ejecutan esa estrategia (soldados, empleados…) entendida como el arte de conducir las unidades efectivamente reunidas bajo una autoridad, hacia el objetivo que se considera decisivo. Por lo que tener la estrategia clara y sobre todo transmitir esa estrategia a los encargados de ejecutarla se convierte en primordial. Ahora estamos más acostumbrados a escuchar la palabra “geoestrategia”, sobre todo a partir de los exitosos libros del coronel Pedro Baños,  porque “la introducción del prefijo geo tanto en la idea de estrategia como en la idea de política marca un proceso de modernización. Incluso de mundialismo, de ecumenismo, de universalismo y de globalización, fenómenos tan característicos de la denominada postmodernidad” Este último entrecomillado, que suscribo, lo transcribo tal cual del Documento de Análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE 08/2010) titulado “Estrategia, Geoestrategia y Geopolítica” Pero con prefijo o sin prefijo, lo decisivo es que toda la organización tenga claro cuál es su papel y qué objetivo se tiene.

Aquí ya empieza a fallar la teoría. El papel lo aguanta todo, pero qué difícil es para los de “abajo” conocer los planes de los de “arriba”. A pesar de que conocer la estrategia y la táctica precisa para alcanzar el objetivo es el nudo gordiano, que hay que deshacer, de cualquier pretendida victoria. Todo esto sirve para los ejércitos y, como he dicho antes, para cualquier organización con fines y objetivos.

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Written by Miguel Angel Rodríguez
He sido muchas cosas, ahora solo un ciudadano de a pie que expresa su opinión sobre los asuntos de su interés, que son variados. Si no os gusta lo que leéis podéis seguir circulando. Sin acritud. Per aspera ad astra.