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El buen asesor político (y sus riesgos)

Publicado el 21 febrero de 2015 en La Tribuna, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

Felipe IVCualquiera que haya paseado por la plaza de Oriente de Madrid habrá reparado en la magnífica estatua ecuestre de Felipe IV, situada en el centro de la plaza. Fue el propio monarca el que manifestó su deseo de que la obra que le retratase, superara en calidad artística e impacto visual a la de su padre, Felipe III, sita en la Plaza Mayor. Se cuenta que la escultura requirió el asesoramiento físico-matemático de Galileo ya que, hasta entonces, ningún caballo en escultura se había sujetado sólo sobre las dos patas traseras. Hace unos días un periódico nacional, en una clara errata, se refería a este conjunto escultórico como “la estatua de Felipe VI”, no constándome que S.M. el Rey Don Felipe haya ordenado hacerse ninguna estatua ecuestre, al menos de momento. Viene esta introducción a cuento porque debido a esos delirios megalómanos, en su afán de superar a su padre y en su predilección por lo desmedido, a este rey se le llamaba “el Grande”. Sucedió que, durante su reinado se perdió Portugal, y tras la pérdida, el duque de Medinaceli en su afán por agradar a su señor, al que por algo llamaban “El Grande”, le dijo: “A Su Majestad le pasa como a los hoyos, que cuanta más tierra pierden, más grandes son”.

Está claro que el duque de Medinaceli era un precursor de los actuales asesores de comunicación de los políticos, que intentan convertir en fortalezas algunas debilidades evidentes, cuando no grandes meteduras de pata. Algo así le ha pasado al señor Monedero cuando el pasado viernes intentaba explicar de forma atropellada el origen de esos más de 400.000 euros provenientes de un régimen dictatorial y autoritario como el de Venezuela. O lo que le ha pasado al PSOE al intentar explicar por qué es tan laxo con sus recientemente imputados Chaves y Griñán, y se mostraba tan inflexible con imputados de otros partidos, a los que meses después incluso los tribunales dieron la razón. Es la conocida ley del embudo que puede conseguir que la palabra de estos líderes sea menos que papel mojado frente a las hemerotecas, en las que clamaban contra los otros, mientras que ahora callan ante los suyos. Por otro lado, hay líderes políticos que prefieren decir lo que algunos quieren escuchar, antes que decir lo que realmente piensan. Un ejemplo paradigmático es cuando el líder del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que iba a suprimir el Ministerio de Defensa. Él no piensa así, sabe que no la hará caso de gobernar, pero dijo lo que parte de su electorado quería escuchar. Eso se llama populismo y además, fraude. Este mismo señor ha firmado un pacto antiterrorista con el PP que contempla la prisión  permanente revisable para los terroristas y minutos después de firmarlo ya estaba diciendo que si gobierna lo anulará, para contentar a un sector de su partido ¿A qué estamos jugando? ¿A qué viene ese tiro en el pie del señor Sánchez? Máxime si tenemos en cuenta que a un altísimo porcentaje de ciudadanos y hasta al 71% de potenciales votantes del PSOE, este pacto les parece bien. Por lo tanto, en los meses que nos quedan hasta las elecciones, sería recomendable que los líderes de izquierda no hagan tanto caso a sus asesores de comunicación, y digan a los ciudadanos lo que piensan de verdad en relación a los asuntos que nos preocupan. Aunque pierdan algún voto, su conciencia se lo agradecerá.

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