El buen asesor político (y sus riesgos)

Publicado el 21 Febrero de 2015 en La Tribuna, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

Felipe IVCualquiera que haya paseado por la plaza de Oriente de Madrid habrá reparado en la magnífica estatua ecuestre de Felipe IV, situada en el centro de la plaza. Fue el propio monarca el que manifestó su deseo de que la obra que le retratase, superara en calidad artística e impacto visual a la de su padre, Felipe III, sita en la Plaza Mayor. Se cuenta que la escultura requirió el asesoramiento físico-matemático de Galileo ya que, hasta entonces, ningún caballo en escultura se había sujetado sólo sobre las dos patas traseras. Hace unos días un periódico nacional, en una clara errata, se refería a este conjunto escultórico como “la estatua de Felipe VI”, no constándome que S.M. el Rey Don Felipe haya ordenado hacerse ninguna estatua ecuestre, al menos de momento. Viene esta introducción a cuento porque debido a esos delirios megalómanos, en su afán de superar a su padre y en su predilección por lo desmedido, a este rey se le llamaba “el Grande”. Sucedió que, durante su reinado se perdió Portugal, y tras la pérdida, el duque de Medinaceli en su afán por agradar a su señor, al que por algo llamaban “El Grande”, le dijo: “A Su Majestad le pasa como a los hoyos, que cuanta más tierra pierden, más grandes son”.

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Tropezar tres veces con la misma piedra

Publicado el 7 Febrero de 2015 en La Tribuna, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

page tcCreo que era Cicerón, o al menos a él se la atribuyen, el que pronunció aquélla frase celebérrima que decía que tropezar dos veces en la misma roca es una desgracia proverbial. Hay quien, en un exceso de optimismo, me podrá decir eso de que no es tan gran desgracia porque de los errores también podemos aprender y sacar conclusiones,  y seguramente lleve algo de razón. Ya en el colmo del optimismo se sitúan aquéllos que sostienen que un error de cálculo puede acarrear cosas buenas. Por ejemplo, Colón descubrió América por un error de cálculo, aunque hay que reconocer que esto pasa las menos de las veces. Otra versión de la frase dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Es fácil comprobar cómo si un animal se ha quemado una vez con una plancha de hierro ardiendo, no se volverá a acercar a la plancha, ni siquiera cuando ésta esté fría. Pues bien, aquí en Castilla-La Mancha tenemos a un político, el señor García-Page, que no sólo tropieza dos veces con la misma piedra, sino que tropieza tres.

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A vueltas con la catedral de Córdoba. Nuevo capítulo

Publicado el 3 Febrero de 2015 en Comunicación, General, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

catedral cordoba 775Cuando hacemos profesión de fe recitando el Credo, decimos que creemos en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica. A esos rasgos esenciales de nuestra Iglesia yo me atrevería a añadir uno más, el de “perseguida”. La persecución de la Iglesia ha existido desde el principio y seguramente todos tenemos en la mente episodios de persecución más modernos y más sutiles que los de Diocleciano. En la actualidad no se puede hablar de persecución porque nuestra Constitución garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos. Aún así, existen ciertas actitudes en contra de la Iglesia católica por parte de algunos que no se dan hacia otras confesiones. O al menos así me lo parece a mí desde mi modesta opinión. Modesta pero tan válida como otra cualquiera. Viene esto a cuento porque desde hace alrededor de un año han arreciado las presiones para expropiar la catedral de Córdoba a la Iglesia Católica, legítima propietaria del inmueble desde hace la friolera de 775 años. La presión viene desde medios de comunicación afines a la ultraizquierda, pasando por medios afines al islamismo y existe presión incluso en los parlamentos regional y nacional, a través de iniciativas de miembros comunistas de Izquierda Unida. Podría dar razones históricas, jurídicas y culturales que demostrarían esa propiedad de la Iglesia pero, ¿para qué? Los católicos no las necesitamos y los expropiadores no las quieren escuchar. En cualquier caso ya las dejé escritas en un artículo anterior de abril de 2014.

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La “marchita” de PODEMOS

Publicado el 1 Febrero de 2015 en La Tribuna, Opinión por Miguel Angel Rodríguez

bandera comunistaA lo largo de la historia han sido muchos los dirigentes políticos que han recurrido a las movilizaciones masivas de sus seguidores para conseguir sus objetivos, bien de forma voluntaria, bien obligados por las circunstancias. Circunscribiéndonos sólo al pasado siglo XX me vienen a la mente al menos tres. Con muy distintos objetivos y motivaciones, pero principalmente para dar sensación de fuerza. Me acuerdo de la marcha sobre Roma. Fue una marcha con destino Roma organizada por Benito Mussolini, entonces dirigente del Partido Nacional Fascista, entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, que le llevó al poder italiano. La marcha marcó el final del sistema parlamentario y el principio del régimen fascista. Durante varios días, partidarios de Mussolini se encaminaron hacia Roma desde distintas partes de Italia. La cosa acabó como acabó. Después vino la “Larga Marcha” china, también llamada Gran Marcha. Fue el viaje a través del interior de China que siguieron las tropas del Ejército Rojo chino, las fuerzas armadas del Partido Comunista de China (PCCh), entre los años 1934 y 1935, huyendo del ejército de la República de China. Supuso la subida al poder de Mao Zedong. Durante la “Larga Marcha”, los comunistas, recorrieron alrededor de 12.500 kilómetros en 370 días. La dureza del viaje a través de la China interior, que sólo completaría alrededor de una décima parte de las tropas que salieron de Jiangxi, haría de este uno de los episodios más significativos y determinantes en la historia del Partido Comunista de China. Después vino una marcha con unos fines y objetivos loables. “La Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad”, fue una gran manifestación que tuvo lugar en Washington, D.C. el 28 de agosto de 1963. Martin Luther King Jr. pronunció su histórico discurso “Yo tengo un sueño” defendiendo la armonía racial en el monumento a Lincoln durante la marcha. Las estimaciones del número de participantes variaron entre 200.000 y más de 300.000. La marcha ayudó a la aprobación de la Ley de los Derechos Civiles (1964) y la Ley del Derecho al Voto (1965).

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