• A la orden de vuecencia, mi general.

    A la orden de vuecencia, mi general.

    “Procede iniciar el programa de incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, regulando sin...
  • Los finales son finales, aunque sean felices

    Los finales son finales, aunque sean felices

    Con mi decisión de dar por terminada mi etapa política en el Ayuntamiento de Ciudad Real llega el momento...

A la orden de vuecencia, mi general.

“Procede iniciar el programa de incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, regulando sin demora su acceso a determinados Cuerpos y Escalas militares”. Así rezaba el real decreto de 22 de febrero de 1988 que daba el primer paso para la incorporación, en ese momento parcial, de la mujer a las Fuerzas Armadas. Treinta y un años desde que un reducido grupo de 26 mujeres diera el paso de ingresar en las academias militares de entonces. Ellas  abrieron el camino hacia la paulatina normalización de la mujer en el Ejército. Una normalización que llegó en 1999 cuando el entonces ministro de Defensa del primer gobierno de José María Aznar, Eduardo Serra, decidió apostar de forma definitiva por el modelo de Ejército profesional, regulando el principio de igualdad real entre hombres y mujeres en el seno de las Fuerzas Armadas.

General Patricia Ortega is awarded with the Fajin during a military ceremony in Madrid on Tuesday , 16 July 2019.

Hoy en día las nuevas generaciones ven con absoluta normalidad el hecho de que una mujer vista el uniforme militar. La integración de la mujer en las Fuerzas Armadas es una realidad, aunque el número de efectivos sea sensiblemente inferior al de los hombres si bien en una proporción similar a la que presentan el resto de países de la OTAN. Según el Observatorio Militar para la Igualdad del Ministerio de Defensa, en diciembre de 2018 siete mujeres ostentaban el empleo de coronel en nuestras Fuerzas Armadas, todas ellas de los llamados “cuerpos comunes” de Intervención, Jurídico Militar y Sanidad, o del Cuerpo de Ingenieros Politécnicos entre los que se encontraba la ya general de brigada Patricia Ortega. Dentro de esa normalidad se debe entender que una coronel ascienda a general, aunque por mucha normalidad que se le quiera dar el hecho es noticiable y digno de reseñar. Y más cuando desde el actual Gobierno ministras como Carmen Calvo están abusando de conceptos como feminismo, encuadrándolo en la ideología de izquierda, o cuando en la prensa para referirse a este ascenso se habla de “techos de cristal” y otras terminologías que en el seno del Ejército no proceden. Las redes sociales, que son un vertedero, han jugado su papel intentado enturbiar el ascenso, pero lo cierto y verdad es que no existe ningún elemento de juicio para sospechar siquiera que no se ha seguido el riguroso procedimiento de evaluación y ascenso; lo que pasa es que se ha reglado tanto el ascenso a coronel y a general que cuando se aplica alguna flexibilidad todo son sospechas. Todo el mundo es consciente de que si el ascenso se hubiera producido por ser mujer sería muy mala noticia para el Ejército y para la propia Patricia Ortega, quizá por eso en el acto de imposición de la faja roja de general el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Varela, dejó claro que este ascenso se debe a “haber acumulado los méritos y la capacidad necesarios, y no a un cupo de género”. El pasado día 16 de julio se le impuso la faja roja de general, el principal atributo de su cargo, que ha llegado casi sin variaciones hasta nuestros días desde que en 1815 se reguló su forma y su uso para los oficiales generales. Esperemos que este hecho deje de ser noticiable y más pronto que tarde, atendiendo a los principios de mérito y capacidad, veamos a muchas más mujeres luciendo la faja roja de general de la misma manera que asumimos con normalidad que la directora del Centro Nacional de Inteligencia sea una mujer o que por primera vez en la historia una mujer, la alemana Von der Leyen, presida la Comisión Europea y en su primer discurso haya prometido una Europa más verde y feminista. Yo desde luego me pongo a sus órdenes.

Los finales son finales, aunque sean felices

Con mi decisión de dar por terminada mi etapa política en el Ayuntamiento de Ciudad Real llega el momento de dar otro tipo de pasos a un lado que tienen que ver con la primera de las decisiones. No son decisiones trascendentales, puede que no importen demasiado, pero los finales son finales aunque sean felices. Por eso he querido, de común acuerdo con el director de La Tribuna de Ciudad Real, que éste sea el último artículo que publico en su diario en el espacio que he tenido reservado desde principios de 2012. Parece que fue ayer pero fue en febrero de 2012 cuando el entonces director del medio, Óscar Gálvez, me ofreció la posibilidad de escribir una colaboración quincenal en mi calidad de senador del reino de España; acepté y por ser senador decidí que el espacio se llamara “desde la Plaza de la Marina”, por ser la dirección en la que se ubica el palacio del Senado. Mis escritos empezaron a aparecer dos domingos al mes y tengo que decir que jamás, ni antes ni ahora, se entrometieron en la temática ni en el contenido. La única limitación fue de espacio por razones obvias. Pocos meses después, Óscar me ofreció la posibilidad de que la colaboración fuese semanal y yo acepté. Ha sido una etapa muy importante en mi vida y en la de nuestra ciudad, con cambios y sobresaltos políticos que he tratado de narrar desde mi óptica personal. Fruto de esta colaboración, a finales de 2014 publiqué un libro que se presentó en el museo López Villaseñor por parte de la alcaldesa Rosa Romero. El libro, que cuenta con un prólogo de la presidenta Cospedal, contenía cuarenta y cinco de esos artículos que previamente se habían publicado en La Tribuna y  destiné la recaudación que se obtuvo por su venta al Banco de Alimentos de Ciudad Real, institución social que comandada por Segundo Alcázar está haciendo una labor fundamental en nuestra ciudad. Eran artículos que trataban sobre la situación política y económica del momento y puede que ahora, tras el paso del tiempo, hayan perdido frescura o actualidad y es que por desgracia en la política actual nada se mantiene fresco e invariable más de una jornada. En cualquier caso sirven como testigos de un tiempo y una época marcados por la crisis y la inestabilidad económica. Varios de los artículos versaban sobre cuestiones de Seguridad y Defensa por ser miembro en ese momento de la comisión de Defensa del Senado. Por ese motivo en el acto de presentación conté con la presencia de un buen número de militares amigos, entre ellos el general de división del Ejército de Tierra Pedro Díaz Osto, que nos ilustró con una magnífica presentación sobre cultura de defensa. Aunque el libro se pergeñó bajo la dirección de Óscar Gálvez, tras el verano de 2014 la dirección pasó a manos de Diego Murillo y en su calidad de director también tuvo sitio en la presentación  del libro.

Poco tiempo después mi artículo pasó a publicarse los lunes, cambiando de día pero no de espíritu. Con las elecciones de 2015, en las que vuelvo a la política municipal, el artículo se sigue publicando, pero llega un momento en el que el director me comunica que deja de existir el espacio que había mantenido desde 2012 y “desde la plaza de la Marina” desaparece para dar paso a una página de opinión compartida con el resto de portavoces municipales que se llama “El consistorio opina”. Yo no sé si el consistorio opina o no, pero les puedo asegurar que me he seguido sentando a escribir cada sábado para que ustedes tuvieran mi artículo semanal. Creo que ha llegado el momento de hacer una pausa y de que sean otros los que opinen. Yo, a diferencia de Umbral, que necesitaba ver su nombre impreso cada día para cerciorarse de que seguía existiendo, sé que existo y cuento para mucha gente que me aprecia y me quiere. Seguiré escribiendo en mi blog y en el resto de medios sin someterme a una periodicidad. Quiero dar las gracias a Diego Murillo y muy especialmente a Óscar Gálvez por abrirme las puertas de su casa. Soy consciente de mis limitaciones y nunca he pretendido ser lo que no soy. Tengo un gran respeto por la profesión periodística y por la escritura y no quiero que alguien opine lo que el gran maestro del periodismo Julio Camba cuando le contó a Luis Calvo, director tantos años de ABC, su opinión sobre los escritores eventuales en la prensa escrita: “dejemos que se llamen escritores esos aficionados que acuden a los periódicos para quitarnos el sitio y desahogar sus vanidades” Pues que sepan que nunca he pretendido quitar el sitio a nadie y que la vanidad no se cuenta entre mis defectos. Gracias por todo.

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